jueves, 8 de abril de 2010

El físico de tu cuerpo



Sentado con un compañero en una de las palapas de la Facultad de Matemáticas de la BUAP escuche una conversación, o más que una conversación era una trifulca, de cuatro estudiantes acerca del vasto Teorema de Norton para resolver una malla eléctrica compleja.
Me daba risa la pasión con la que ejercían el debate aquellos principiantes de física. La manera de ejercer el mando en uno de ellos era sobresaliente, recuerdo bien. Sin embargo, lo que llamó sumamente mi atención fue que justo en ese instante, en ese preciso momento, una morena, color de fuego, pasaba al lado de la mesa donde se sometía aquella brutal polémica. No por esto, Usted, amable lector, me etiquete de libidinoso, le voy a explicar el por qué de mi atención: ninguno de ellos volteó a ver aquel monumento en tacones destrozando con el repique de sus zapatos la canción del viento, eso fue lo que en ese momento, y hasta hoy, no comprendí. Si Usted, amable lector, pertenece al género masculino comprenderá a ciencia cierta de lo que hablo. En caso contrario, sólo puedo argumentar a Usted, lectora, que el resonar de unos tacones hace voltear al hombre por el impacto del sonido que produce su cadencia.
A todo esto, surgieron entonces dos preguntas esenciales: ¿Con qué intensidad amarán los físicos y los matemáticos?, ¿Hasta qué punto se vuelve interesante ver una serie de resistencias en una malla eléctrica para ignorar el semblante de una mujer?

Si bien aquellas mentes agudas de los matemáticos y físicos cambian, o intentan cambiar, los rumbos del mundo con sus innovaciones e investigaciones, no creo que exista mucha diferencia al oficio del poeta: el científico se encarga de dilucidar la verdad; el poeta es un mentiroso que dice la verdad. Sin la intromisión del poeta en el mundo los cambios en la sensibilidad y el comportamiento de los hombres tardarían en ocurrir lo que las grandes glaciaciones.

Así que de esas preguntas y suposiciones nació esto. Cabe aclarar que me gustan las matemáticas (estudié una carrera donde el uso de éstas era preponderante) pero me gusta más verme reflejado en la elipse de los ojos de la mujer que mueve mis días. Para ti, esto:

Sé percibir la materia,
mas sin contarla.

Ellos, entre tanto,
hablarán del
orden del caos,
de las distancias
entre dos cuerpos
que jamás se tocan
en la oscuridad.

Yo, sin duda, prefiero
las curvas de tus senos,
el triángulo que ejerce el
sexo sin vértices
ni catetos.

Prefiero la onda
de tu invariable ojo
reflejado
en la reminiscencia de
mi espalda y
sentir la profunda
gravedad
de tu cuerpo
cuando está sobre el mío.

Sé percibir tu materia,
mas sin contarla.

4 comentarios:

  1. Perdon que te lo diga, pero que pendejada es esto, como puedes llamar a eso poesía, creo que hasta una cancion de reaggeaton tiene más coherencia que lo que acabas de escribir.

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  2. Gracias por tu comentario. Vuelve pronto.

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  3. Hola mijo, que bonito poema. Besos =)

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  4. Gracias mija. Vuelve pronto, aquí te esperamos jajaja

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