El deseo es una pulsión que se relaciona directamente con el desarrollo de la vida y lleva a definir al hombre en dos vertientes:
- El deseo como causa del sufrimiento y, por consiguiente, la aniquilación de éste: el secreto de la felicidad.
- El deseo como el móvil que le da sentido, inspiración y productividad a la vida.
El maestro Jorge Drexler, refiriéndose al descubrimiento de la identidad del deseo, menciona en una de sus más trabajadas composiciones: dulce magnetismo, dos cargas opuestas buscando lo mismo, y es una manera exquisita de plasmar la comparsa de los mecanismos de éste. En el deseo no puede haber una relación de iguales, siempre es el sujeto con su objeto y siempre es la distancia que guarda el sujeto con dicho objeto la que preserva el goce del anhelo deseado. La cercanía de este goce resguarda lo lejano y lo lejano es, ciertamente, el deseo.
Pero los deseos van mucho más allá de ser un simple mecanismo. Son la unión del cuerpo y la consciencia, por ejemplo: un hombre no puede dormir de noche porque le sobreviene el espanto de morir cuando empieza a caer el velo del sueño sobre él, y entonces su miedo flota en la vigilia de la noche. La elocuencia de este miedo llama la atención desde el momento que se percibe la ausencia del deseo de vivir. Este hombre, más bien, está aferrado a la idea del deseo a morir, y si se somete a esta obsesión es muy fácil que pueda morir durmiendo sin saberlo.
¿Y entonces cómo es que se va integrando a nosotros el deseo de morir? Sucede que cuando todos nuestros deseos se frustran estamos creando poco a poco un nuevo deseo, el de morir. La vida no puede darse como tal cuando se ha vuelto un imposible, y más cuando se ha vuelto un posible frustrado constantemente. Una manera de ejemplificarlo fácilmente es la muerte de un ser querido, de improvisto nos acoge el deseo de morir porque el deseo más anhelado (estar con la persona fallecida) se torna imposible, y así es como se empieza a desear inmediatamente la muerte a partir de esta frustración.
En el caso de los suicidas sucede algo muy peculiar. Ellos no se someten al Tanathos de una manera trascendental, sino que ocurre todo lo opuesto; están tan aferrados a la vida y a sus goces que cualquier perturbación o imposibilidad de éstos puede ser razón suficiente para empezar a engendrar su acción suicida, entonces depende del coraje que tengan para morir lenta o apresuradamente. Una persona que no está atada a la vida no puede suicidarse, al contrario, permanece estoico ante los hechos que le acontecen día con día, aunque no con esto decimos que tiene ausencia de deseos.
Nos damos cuenta que si la vida y los sujetos requieren de una vastedad de deseos para su supervivencia, también la muerte requiere la presencia de alguno de ellos para llevar a cabo su posibilidad, la única cuestión es saber cuál es su objeto.
Freud al final de sus estudios sobre la libido tomó conciencia del hecho de la aparente inexistencia de un deseo de muerte en la psiquis del hombre. Percibió que se debía completar ese círculo trazado por un deseo a vivir (Eros) con un deseo a morir (Tanathos) que permitiera a los hombres desligarse conscientemente de la vida. En este sentido general, ambos deseos aspiran a poseer la trascendencia del otro como pura trascendencia y como cuerpo aspirando reducir al otro a su simple facticidad.
Es por todo esto que los que persiguen deseos aparentan estar más vivos. ¿Qué es lo que haces? ¡Corre! Todo el mundo corre y está vivo. Yo no debería estar escribiendo esto, debería estar deseando y no perder el tiempo.
"Deseo". Jorge Drexler desde el Teatro Solís en Montevideo, Uruguay.





Bonito enfoque del DESEO desde el punto de vista del budismo, hay que acompañar la lectura de esto con un vodka. La rolita de Drexler de lujo, sugestivo de inicio a fin sin llegar a lo sexual pero coqueteando con la lasciva que con lleva cualquier momento xD.... Licenciado, le doy un 10!!! jajaja Excelente dia!
ResponderEliminar