A estas horas
no hay nada que pueda detener tu rumbo
serás la destrucción brutal de la distancia
tumbada entre los dulces linderos
de esta gruta que soy
serás mi voz calcinada
por el suave espumarajo de luz
en el relámpago de la noche
Y todo en mí empezará a caer
todo se derrumbará por su contrapeso
como cae la sombra el polvo o la palabra
en los lúgubres cúmulos del fuego
Entonces ebrio
por el movimiento vago de mi sangre
hervirá íntimo el dolor que me embargas
y a estas horas
ni tomar un tropel de alcohol del 96
va a curar la costra oscura
que soy
que somos
- o en el peor de los casos -
que fuimos.
domingo, 23 de mayo de 2010
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