lunes, 31 de mayo de 2010

Llegarás de noche


Mi hermana dice que llegarás de noche,
pero han pasado ya tantas noches en espera
que estoy convencido que no es la noche lo que te traerá.

Vendrás, si acaso, con las nubes, con los pájaros migrantes,
con un viento que acabará con las mañanas frías.
Te traerán tus pasos, tu corazón y, sí así lo quieres, mis palabras.
Llegarás un día como hoy, como cualquiera,
pues mis días sin ti son todos iguales.

Llegarás y una flor que nunca he visto nacerá en mis manos.
Volveré a ser de tierra por ti, de maíz o de barro.
Seré también la sombra de un árbol, un lunes sin clases,
la boca que te nombrará de mañana, de cada mañana hasta mi partida.


Ya vienes, lo presiento, aunque hace tiempo que llegaste,
y abriste de cuajo esta herida.
E. Juárez

Un buen textito amoroson, según



De golpe recibo la noticia de que ya vienes
que estás esperando como antes
pero ahora nada es como antes
porque vienes

Es un hecho te estás acercando
Tus pasos tus vuelos y tus atardeceres llegarán pronto
te traerán a mi mirada y a mis días

Preparo la mejor de mis vidas para ti
en la cama preparo la tierra más fértil

Estoy negociando con Dios
la mejor de sus noches para tu llegada.

jueves, 27 de mayo de 2010

esto yo no lo escribí, pero sirve

Con esto sólo trato de explicarte mis ojos nublados cuando lees para mí, mis miedos estúpidos al abandono, mi “escríbeme algo” tan urgente. Hoy en la mañana, por ejemplo, llovía. Eran gotas gordas y me pareció que era el agua terrible de tu recuerdo que caía sobre la ciudad implacablemente.

Ahora son las 7, me siento a escribir y mi blanca página se niega a recibir los espadazos de mi pluma insistente. Pasa jugando mi sobrino, y yo pienso que los niños son como espejos. Me dan ganas de tener otra vez dos años, de serenarme en el vientre de mi madre, de no haber nacido. Te oigo, desde mi escritorio, aunque estés tan lejos. Te siento con mis dedos callados. Te quiero porque escalamos angustias inventadas, porque estabas escondida y te encontré y nos alegramos.

Entonces regreso a la poesía, al eterno ir y venir de mi nostalgia, al caracol donde resuena la música del mundo. Esta página es tuya. Estoy triste.

inhumación

He aquí que con la punta del dedo
punzo mi purulento corazón
en la vena desgarrada del mundo

He aquí que mi mano fría escribe con el filo de la espada
y la sangre violenta del tiempo
aprieta la putridez de mis ásperos huesos

He aquí que soy la dulce herida
donde desciende lento
el dolor de mi generación

Por mí hablará la descomposición
de este féretro de carne y hueso

Pasaba el polvo en la palabra.

miércoles, 26 de mayo de 2010

oniricidio

Traigo desnuda
una tristeza inexorable
deambulando por estos versos
que me rebasa me liquida

que es capaz de acabar conmigo
y con este tumulto de mansos lamentos

a horcajadas:

No saber soñar
contigo

amor mío.

lunes, 24 de mayo de 2010

extrañamiento

Y volvió el ritmo

Volvió a zumbar el insecto
que azota su triste aguijón

en la colmena de la palabra

Un fulgor bucal
se interna en el páramo de algún verso

o en un hondo dolor.

domingo, 23 de mayo de 2010

sincericidio

A estas horas
no hay nada que pueda detener tu rumbo

serás la destrucción brutal de la distancia
tumbada entre los dulces linderos
de esta gruta que soy

serás mi voz calcinada
por el suave espumarajo de luz
en el relámpago de la noche

Y todo en mí empezará a caer

todo se derrumbará por su contrapeso
como cae la sombra el polvo o la palabra
en los lúgubres cúmulos del fuego

Entonces ebrio
por el movimiento vago de mi sangre
hervirá íntimo el dolor que me embargas

y a estas horas
ni tomar un tropel de alcohol del 96
va a curar la costra oscura

que soy

que somos

- o en el peor de los casos -

que fuimos.

jueves, 29 de abril de 2010

Vicente Quirarte (Ciudad de México, 1954).


La ventana al artificio poético.


Eduardo Casar lo retrata así: “Son pocos los escritores de la lengua española a los que se le nota ese paladeo verbal, ese indeclinable gusto por las texturas y los nudos materiales del lenguaje, esa actividad constantemente renacentista de orfebrería verbal. En Quirarte es el cálido terreno del encuentro amoroso su naturaleza pacífica es oceánica y, por eso, todo el tiempo combate y sus batallas, todas decisivas, serán interminables.”

Vicente Quirarte, poseedor de un estilo poético coloquial exquisito, expone a continuación una serie de puntos imprescindibles en su elaboración artística que no debemos pasar por alto aquellos que nos sentimos cercanos a la poesía mexicana o a la literatura en general.

I. La poesía es una apuesta contra la vida, en favor de la vida. Quien se atreve a servirla, acepta existir al filo del tiempo y verse expuesto a caídas y eleva­ciones, a tempestades y sequías. Al vislumbrar la meta postergada, el buscador exhausto se descubre al principio del viaje. Su solo privilegio, su ardiente consuelo, se halla en la posibilidad de comenzar de nuevo.

II. La poesía es el tren de los ausentes. Sin horario fijo, invade los andenes o aparece, imprevista, en mi­tad del desierto. Arranca nuestras raíces para volver­nos parte de su vértigo, en escasas ocasiones como pasajero de primera: la mayor parte de las veces nos obliga a viajar entre sus ruedas. A cambio nos conce­de la alegría y la libertad heroica de los vagos. Confie­sa Eduardo Hurtado: "Aquí estoy. Tengo mi oficio. Jefe de la estación, sin silbato y sin horario fijo, con corridas continuas al pavor del desierto".

III. La poesía es un yo que es un nosotros. Al mis­mo tiempo, su primera persona del plural encarna en una singularidad que a todos nos concilia. Ti­gre en la casa, último jardín, alianza de los reinos, oscura coincidencia, la poesía se nutre de las más altas caídas. Superior a la feria de vanidades, se en­cuentra por encima de combates de nuestro peque­ño género humano. Barco que parece naufragar de­bido a nuestra imprudencia y nuestras ansias, tarde o temprano rescata a sus verdaderos iniciados. Fue­go de pobres, ciudad de la memoria, libertad bajo palabra, la poesía es salvación para el náufrago que no ha visto el mar.

IV. Cuando el hombre halló que las palabras de su tribu podían alcanzar mayor intensidad que la dic­tada por la utilidad práctica, nació el trabajo del poeta. Cambian estilos y modos de expresión: per­manece la lucha del poeta contra el leviatán que lo acosa y lo seduce.

V. "Los imbéciles han renunciado al poder. Yo me confieso imbécil", escribe Rodolfo Hinostroza para tender un puente entre la rebelión de Propercio y nuestra modernidad. Ahora, como entonces, el tra­bajo del poeta es sustancialmente el mismo: liberar a otros a partir del conocimiento de la cárcel propia.

VI. La misión del poeta es defender la poesía. Para cumplir semejante tarea, es preciso estar convenci­do de lo que estamos dispuestos a sacrificar para ser parte de la milicia que toma las palabras para tem­plarlas en la llama más intransigente.

VII. A la pregunta humillante y repetida "¿Se puede vivir de la poesía?", el poeta debe contestar que no sólo se puede vivir de la poesía, sino que la obligación del poeta es vivir de ella. Una vez viviendo por ella y para ella, sus contados temporales bastan para aliviar la sed de toda la vida, incluidas aquellas esta­ciones cuando la aridez parece condenarnos a la in­felicidad absoluta.

VII. La poesía es una cortesana de lujo, enamorada como quinceañera: elige, entre quienes la pretenden, la hora y el sitio para hacernos suyos. Sus caricias magistrales, sus artes más ocultas, las revela en la medida en que nos ve dispuestos a defenderla y sos­tenerla. Si no le mostramos frutos convincentes, se marcha con el que más le ofrece.

IX. La defensa de la poesía comienza con la defensa que el poeta hace de sí: de ahí que comience con la exploración del terreno más próximo a su carne. "Contra mí mismo peleo, defiéndame Dios de mí", descubre en el Siglo de Oro Cristóbal de Castilleja, mientras otro poeta es tocado de muerte al pie de la ventana de su Dueña y uno más regresa —envejeci­do y pobre— a su nativa Córdoba.

X. La poesía nace del trabajo del corazón. El cora­zón que pone para el triunfo el boxeador de barrio; el corazón que lleva al corredor de fondo a cubrir la distancia cuando el cuerpo se niega a responderle. "Pienso en el poeta como un hombre de proezas, igual que un atleta", escribió Robert Frost.

XI. El buen arte es gran arte, y la verdadera poesía consuma el milagro de hacernos más grandes que nuestras pequeñeces. Luis Miguel Aguilar se mira en el retrato de Cesare Pavese y descubre: "Sólo hay un modo de hacer algo en la vida: consiste en ser superior a lo que haces."

XII. Obligación del poeta es entrenar. Vivir es es­cribir con todo el cuerpo y no es posible amar con la mitad del corazón ni besar sin perderse en el abis­mo. El verdadero poeta actúa de la misma forma con plaza llena o a solas frente al toro de la muerte.

XIII. Mirar por la ventana no es un poema, aunque mirar por la ventana sea una aproximación a la poe­sía. Mirar por la ventana y descubrir el sentido de mirar por la ventana es un principio poético, pero no es la poesía. La poesía es mirar por la ventana y convencer a otros de que la poesía es mirar por la ventana.

XIV. No escribas para consolar, instruir o modifi­car. Si eres fiel a esa exigencia, consolarás, instruirás y modificarás. Escribe para nadie. Sólo así estarás escribiendo para alguien.

XV. Poesía y adolescencia son sinónimas y el poeta no abandona del todo la violencia desconcertada de los años verdes: a mayor carencia, mayor ham­bre de vida. Los primeros poemas del muchacho que fui hablaban sobre la noche y la lluvia, la soledad y la calle. Cuando el hombre de ahora intenta seguir aquellos pasos, descubre que, en esencia, sus temas no han cambiado. Con la alegría y la frustración que las horas de vuelo nos otorgan, sigo aprendien­do de aquel adolescente que todo lo sentía y nada comprendía. A él quiero decirle que si he continua­do equivocándome, jamás he dejado de atreverme. Me invaden las mismas inseguridades y ahora, como entonces, sé que escribir es una tarea infeliz y pos­tergada, un trabajo imposible y absurdo, que pone constantemente a prueba vanidad y resistencia.

XVI. Sólo en el amor y sus demandas existe una intensidad semejante a la surgida cuando un hom­bre enfrenta las palabras de la tribu. Únicamente el amor y sus diáfanas prisiones equivalen a la libertad proporcionada por el correr de la pluma en el pa­pel, a la traducción del mundo lograda merced al esfuerzo y el milagro.

XVII. No hay poeta feliz, pero el poeta es el más feliz de los mortales. Ni el poema perfecto podrá pagar a la poesía la extraña, insustituible, inexplica­ble forma de la felicidad que significa ser traspasado por el rayo y rendir testimonio de esa muerte.
...Amén Quirarte.
Bibliografía:
Casar, Eduardo, Material de lectura #198, poesía Moderna, UNAM, México, 2005.
Toledo, Victor, Poética Mexicana, BUAP, México, 2000.

miércoles, 14 de abril de 2010

¡Ayyy… que tierno, eres poeta!


Cuántas veces los poetas no han sido enjuiciados con aquella frase repetida y tediosa: ¿Se puede vivir de la poesía? Y cuántas veces el poeta enmudece, se le vuelan los ojos tratando de sacar una respuesta al aire que convenza, con algún fundamento válido, la interrogante de su ejecutor.

Yo pienso que el poeta no sólo debe contestar –con un corte de manga, anexado- que no sólo se puede vivir de la poesía, sino que la obligación del poeta es vivir de ella. Una vez viviendo por ella y para ella, sus contados temporales bastan para aliviar la sed de toda la vida, incluidas aquellas estaciones cuando la aridez parece condenarnos a la infelicidad absoluta y pasar miserias.

Vivimos en una sociedad basada en la tecnocracia y en la acumulación de bienes materiales en donde el papel de la reflexión humana y poética exige el compromiso de gente “humanista”. El poeta debe servir con el fin de hacer humano al ser humano en estos tiempos de crisis y fragmentación.

A todo esto, trato de comprender y comprenderme en la poesía. Escuchar los sonidos del mundo y reconocerme en ellos. Ezra Pound decía que los poetas son las “antenas de la raza”. Pienso que de esta manera uno se hace humanista para empezar a forjar humanistas en un tiempo futuro. Aprendo a definirme y, en ocasiones, a delimitarme. “Conócete a ti mismo” es una tarea fundamental en este oficio. Conociéndome puedo comprender la importancia social de la poesía: develar la existencia. De-velar es re-velar al mundo en cada palabra, en cada silencio; éste es el destino natural diario: escribir para formular y reinventar la apariencia de la realidad.

Jamás se me olvidan al despertarme todos los días las palabras de Octavio Paz: “Me encontré frente a un muro y en el muro un letrero: Aquí empieza tu futuro.”, porque la vida es escribir en la hoja de los días con todo el cuerpo y no es posible amar con la mitad del corazón ni besar ni perderse en el abismo. Todo consiste en ser superiores a lo que hicimos el día de ayer.

Al final del día no hay nada más que decir. Nuestra labor crítica debe de seguir en esa línea que defina lo que somos y, en el mejor de los casos, lo que debiéramos ser. Menos ausencia que presencia. La última palabra está en nuestras manos.

jueves, 8 de abril de 2010

El físico de tu cuerpo



Sentado con un compañero en una de las palapas de la Facultad de Matemáticas de la BUAP escuche una conversación, o más que una conversación era una trifulca, de cuatro estudiantes acerca del vasto Teorema de Norton para resolver una malla eléctrica compleja.
Me daba risa la pasión con la que ejercían el debate aquellos principiantes de física. La manera de ejercer el mando en uno de ellos era sobresaliente, recuerdo bien. Sin embargo, lo que llamó sumamente mi atención fue que justo en ese instante, en ese preciso momento, una morena, color de fuego, pasaba al lado de la mesa donde se sometía aquella brutal polémica. No por esto, Usted, amable lector, me etiquete de libidinoso, le voy a explicar el por qué de mi atención: ninguno de ellos volteó a ver aquel monumento en tacones destrozando con el repique de sus zapatos la canción del viento, eso fue lo que en ese momento, y hasta hoy, no comprendí. Si Usted, amable lector, pertenece al género masculino comprenderá a ciencia cierta de lo que hablo. En caso contrario, sólo puedo argumentar a Usted, lectora, que el resonar de unos tacones hace voltear al hombre por el impacto del sonido que produce su cadencia.
A todo esto, surgieron entonces dos preguntas esenciales: ¿Con qué intensidad amarán los físicos y los matemáticos?, ¿Hasta qué punto se vuelve interesante ver una serie de resistencias en una malla eléctrica para ignorar el semblante de una mujer?

Si bien aquellas mentes agudas de los matemáticos y físicos cambian, o intentan cambiar, los rumbos del mundo con sus innovaciones e investigaciones, no creo que exista mucha diferencia al oficio del poeta: el científico se encarga de dilucidar la verdad; el poeta es un mentiroso que dice la verdad. Sin la intromisión del poeta en el mundo los cambios en la sensibilidad y el comportamiento de los hombres tardarían en ocurrir lo que las grandes glaciaciones.

Así que de esas preguntas y suposiciones nació esto. Cabe aclarar que me gustan las matemáticas (estudié una carrera donde el uso de éstas era preponderante) pero me gusta más verme reflejado en la elipse de los ojos de la mujer que mueve mis días. Para ti, esto:

Sé percibir la materia,
mas sin contarla.

Ellos, entre tanto,
hablarán del
orden del caos,
de las distancias
entre dos cuerpos
que jamás se tocan
en la oscuridad.

Yo, sin duda, prefiero
las curvas de tus senos,
el triángulo que ejerce el
sexo sin vértices
ni catetos.

Prefiero la onda
de tu invariable ojo
reflejado
en la reminiscencia de
mi espalda y
sentir la profunda
gravedad
de tu cuerpo
cuando está sobre el mío.

Sé percibir tu materia,
mas sin contarla.

miércoles, 7 de abril de 2010

Mauricio Díaz, el "Hueso"

Lo conocí hace ya unos años (en el 2001, para ser más exactos) en la extinta peña “Convento de las Carolinas”. Ese día llegue tarde a su presentación y alcancé sólo a escuchar poco de su material, pero esas pocas rolas bastaron para descubrir a este "peso pesado" de la canción contemporánea mexicana.

Al final de su show era lamentable ver diez o menos asistentes que habían aguantado en sus mesas los acordes precisos, exactos, y, en sus momentos, serios de su recital. Y es que Mauricio es un artista pleno (o un rolero, como él se hace nombrar), un ejecutor de guitarra lúcido, pero sobre todo, un poeta con cachimba encendida capaz de pintar imágenes precisas en algún acorde recóndito de su canción.

Yo siempre voy a recordar sus confusas palabras que me dirigió cuando salíamos de aquella peña: "Un rolero necesita que le apaguen la radio antes de que empiece a cantar", después me enteré que cuando empezó a cantar aquel día la radio del “Convento de las Carolinas” estaba a todo volumen, ignorando los gritos y guitarrazos a mano limpia de Mauricio Díaz, el “Hueso”.

Tal vez el tiempo le dará el lugar que merece como uno de los mejores cantautores mexicanos. Mientras tanto no está de más escuchar una obra excelsa de este gran músico.

"Me estoy acostumbrando a que me corten el agua cada vez que no me alcanza...",
Mauricio Díaz desde San Cugat del Vallés, España.

lunes, 5 de abril de 2010

Deseando deseos


El deseo es una pulsión que se relaciona directamente con el desarrollo de la vida y lleva a definir al hombre en dos vertientes:

- El deseo como causa del sufrimiento y, por consiguiente, la aniquilación de éste: el secreto de la felicidad.
- El deseo como el móvil que le da sentido, inspiración y productividad a la vida.
El maestro Jorge Drexler, refiriéndose al descubrimiento de la identidad del deseo, menciona en una de sus más trabajadas composiciones: dulce magnetismo, dos cargas opuestas buscando lo mismo, y es una manera exquisita de plasmar la comparsa de los mecanismos de éste. En el deseo no puede haber una relación de iguales, siempre es el sujeto con su objeto y siempre es la distancia que guarda el sujeto con dicho objeto la que preserva el goce del anhelo deseado. La cercanía de este goce resguarda lo lejano y lo lejano es, ciertamente, el deseo.

Pero los deseos van mucho más allá de ser un simple mecanismo. Son la unión del cuerpo y la consciencia, por ejemplo: un hombre no puede dormir de noche porque le sobreviene el espanto de morir cuando empieza a caer el velo del sueño sobre él, y entonces su miedo flota en la vigilia de la noche. La elocuencia de este miedo llama la atención desde el momento que se percibe la ausencia del deseo de vivir. Este hombre, más bien, está aferrado a la idea del deseo a morir, y si se somete a esta obsesión es muy fácil que pueda morir durmiendo sin saberlo.

¿Y entonces cómo es que se va integrando a nosotros el deseo de morir? Sucede que cuando todos nuestros deseos se frustran estamos creando poco a poco un nuevo deseo, el de morir. La vida no puede darse como tal cuando se ha vuelto un imposible, y más cuando se ha vuelto un posible frustrado constantemente. Una manera de ejemplificarlo fácilmente es la muerte de un ser querido, de improvisto nos acoge el deseo de morir porque el deseo más anhelado (estar con la persona fallecida) se torna imposible, y así es como se empieza a desear inmediatamente la muerte a partir de esta frustración.

En el caso de los suicidas sucede algo muy peculiar. Ellos no se someten al Tanathos de una manera trascendental, sino que ocurre todo lo opuesto; están tan aferrados a la vida y a sus goces que cualquier perturbación o imposibilidad de éstos puede ser razón suficiente para empezar a engendrar su acción suicida, entonces depende del coraje que tengan para morir lenta o apresuradamente. Una persona que no está atada a la vida no puede suicidarse, al contrario, permanece estoico ante los hechos que le acontecen día con día, aunque no con esto decimos que tiene ausencia de deseos.

Nos damos cuenta que si la vida y los sujetos requieren de una vastedad de deseos para su supervivencia, también la muerte requiere la presencia de alguno de ellos para llevar a cabo su posibilidad, la única cuestión es saber cuál es su objeto.

Freud al final de sus estudios sobre la libido tomó conciencia del hecho de la aparente inexistencia de un deseo de muerte en la psiquis del hombre. Percibió que se debía completar ese círculo trazado por un deseo a vivir (Eros) con un deseo a morir (Tanathos) que permitiera a los hombres desligarse conscientemente de la vida. En este sentido general, ambos deseos aspiran a poseer la trascendencia del otro como pura trascendencia y como cuerpo aspirando reducir al otro a su simple facticidad.

Es por todo esto que los que persiguen deseos aparentan estar más vivos. ¿Qué es lo que haces? ¡Corre! Todo el mundo corre y está vivo. Yo no debería estar escribiendo esto, debería estar deseando y no perder el tiempo.

"Deseo". Jorge Drexler desde el Teatro Solís en Montevideo, Uruguay.

martes, 30 de marzo de 2010

“La desterrada”, la angustia poética de Margarita Michelena.



Cada texto, por sus particularidades contenidas, exige una determinada metodología para su acercamiento, exploración y, posteriormente, interpretación. En este caso, al analizar un poema debe tomarse en cuenta la subjetividad del intérprete, es decir, no sólo la sensibilidad de la época en que se estudia el texto, sino la propia sensibilidad del lector. El concepto de poesía que se tenga influye, por supuesto, en la exploración e interpretación del texto poético.

Como más tarde se analizará, lo poético es fundamento, esencia del arte y de acuerdo con la línea de pensamiento, basándonos en Heidegger (principalmente en dos de sus grandes obras: El ser y el tiempo y Arte y poesía) , la poesía será desocultamiento del ente, develamiento de la verdad. Pero, ¿cómo aparece ese develamiento? De-velar es re-velar, es aquí donde nos acercamos al objeto, a la cosa o fenómeno poético, a través de ese goce estético que se desoculta cuando el lector se reconoce en el texto que lee, al mismo tiempo que el texto mismo encuentra razón de ser cuando es leído por un lector al que emociona, lo interpreta y lo maneja a su modo. Nos encontramos con lo determinante del sentido poético.


Es por eso que el poema “La desterrada” de Margarita Michelena goza de ese quehacer poético, alcanzando los más altos niveles de pensamiento filosófico y poético.


De acuerdo a la fenomenología de describir simplemente un útil, o partir a las cosas mismas, seguiremos la línea de pensamiento de Edmund Husserl. Se dice que el análisis que debe aplicarse a cualquier fenómeno humano, y en este caso al texto poético, es el ontológico.

No renunciamos a pensar en una posibilidad de acceso a lo originario de esta forma porque toda ontología es fenomenología, no hay nada tras del fenómeno, y si hay que descubrirlo es porque éste siempre se oculta o se disimula.


De este pensamiento partimos de la mano de Heidegger al afirmar que: "La comunicación de las posibilidades existenciales del encontrarse (estado de ánimo), es decir, el abrir la existencia, puede venir a ser meta peculiar del habla poética." (Heidegger: 181).


El “ser-ahí”, el hombre, es siempre un estado de ánimo; el estado de ánimo y el modo en que se relaciona con el mundo es lo que determina el estilo, el tipo de lenguaje, el modo en que la esencia de lo poético resulta aprehensible en el poema: "El-ser-en-el-mundo del ser-ahí se ha dispersado y hasta despedazado en cada caso ya, con su facilidad, en determinados modos de ser-en." (Heidegger: 69).


Los distintos modos de “ser-en” son diversas maneras de relación del hombre con el mundo. Esos varios tipos de relación dan lugar a diferentes formas de entender y hacer poesía. De aquí se afirma que en la creación poética existe una reconciliación y conexión entre el hombre y el mundo.

En el modo particular del “ser en el mundo”, relacionado con la creación poética, Margarita Michelena se inserta en los poetas del ver-a-través-de-sí, la poeta de la angustia.

Algo inseparable en la poesía de este tipo de poetas es el des-ocultar la verdad y tras este empeño de develar la verdad conlleva al acontecer del ser.

Se puede hablar de un acontecer del ser, o de un acontecer de la verdad, en cuanto al contexto de significados dentro del que las cosas, en sus retornos, son o es algo que históricamente se da: el ser no es, sino que acontece.

En la primera estrofa de “La desterrada” encontramos este develamiento del ser. El poeta empieza a desconocerse, su otredad acontece:

Canto para salir de mi rostro en tinieblas
a recordar los muros de mi casa,
porque entrando en mis ojos quede ciega
y a tientas reconozco, cuando canto,
el infinito umbral de mi morada.


El poeta llama aquello que, en develarse hace aparecer precisamente el ocultarse, y lo hace aparecer de esta manera, en tanto que lo que se oculta.

Dentro de la segunda parte del poema, se marca un territorio poético fundamental; se define la poesía como develamiento de la verdad mediante un puente, un enlace entre el hombre y el mundo:

Esto es la poesía. No un don de fácil música
ni una gracia riente.
Apenas una forma de recordar, apenas

—entre el hombre y tu orilla—
una señal, un puente.


Todo arte es, en esencia, poesía. La fórmula de la creación del arte es poner en operación la verdad del ente. La poesía es la verdad. La verdad existe sólo como lucha entre alumbramiento y ocultación, en la interacción de mundo y tierra, ese puente que hay entre estas dos clases de ocultación es poesía: apenas una forma de recordar.

En los siguientes versos se afirma la relación existente entre ser, tiempo y muerte:

Por él voy con mis pasos,
con mi tiempo y mi muerte,…

… del límite y del nombre que me diste,
del ser y el tiempo en que me confinaste.

La palabra “ser” no designa algo que se pueda pensar, no designa nada inteligible y no refiere la mente a ningún contenido. Este concepto, si es que lo tomamos como concepto, aparece como lo arcano, el misterio, el enigma. Sin embargo el ser “es” él mismo: "El ser está esencialmente más lejos que todo ente y, al mismo tiempo, está más próximo al hombre que todo ente, ya sea éste una roca, un animal, una obra de arte, una máquina, un ángel o dios." (Heidegger: 39).

La muerte es definida como el juego de las posibilidades existenciales: la posibilidad permanente de la imposibilidad de todas las otras posibilidades más acá de ella que constituyen la existencia. Puestas en relación con la muerte, las posibilidades de la existencia se revelan y son vividas como puras posibilidades; el ser-ahí puede pasar de una a la otra en un discurso. El mismo tiempo, ligado como está, al proyectarse del ser-ahí y a su volver atrás sobre el propio pasado, es abierto en definitiva sólo por esta anticipación de la muerte: la raíz de mis alas anteriores y este nublado espejo, teatro apenas de la memoria que me arrebataste. Todo esto se vuelve en la mirada de la poeta como un hilo misterioso, una escala secreta, una llave que a veces abre puertas de sombra.

Por último, se advierte un cambio improvisto de "ver-a-través-de-sí". El poeta retoma la palabra (si es que alguna vez la perdió), sale de la caverna del desocultamiento con una vacilante antorcha en forma de voz… y después calla:

Y callaré. Devolveré este reino
a frágiles palabras.

La poesía, finalmente, se muestra en la forma modesta del juego poético. Sin trabas, inventa su mundo de imágenes y queda ensimismada en el reino de lo imaginario, en este caso, las frágiles palabras.

De esta forma, el acontecer del ser es la institución de los rasgos esenciales de un mundo en el que ha pasado todo. Esta institución es la institución de un lenguaje. El lenguaje se abre y se instituye, en su manera esencial, sobre la poesía. Es en este lenguaje poético que el ser, originariamente, acontece.

A fin de cuentas, el poema “La desterrada” va más allá del enfoque teórico aplicable. Goza de una vorágine de fenomenología que origina que el lector aprehenda la simbología de su virtuosismo, y una vez dentro de éste, venga por consiguiente, la emoción y exaltación de los sentidos, la razón de ser de la verdadera poesía.


Datos vitales:






Margarita Michelena nació el 21 de julio de 1917 en Pachuca, Hidalgo. Cursó estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Fue directora de El libro y el pueblo. Como poeta publicó Paraíso y nostalgia (1945), Laurel del ángel (1948), La tristeza terrestre (1954) y El país más allá de la niebla (1968). En Reunión de imágenes (1969), incluyó sus libros anteriores. Como crítica, publicó Notas en torno a la poesía mexicana contemporánea (1959).





Bibliografía




Heidegger, Martín,
- Arte y poesía, CFE, México, 1999.
- Carta sobre el humanismo, Alianza, España, 2001.
- El ser y el tiempo, FCE, Colombia, 1998.
- … poéticamente habita el hombre…, En conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, España, 1997.


Husserl, Edmund, La idea de la fenomenología, FCE, México, 2001.



Paz, Octavio, et al., Poesía en movimiento, I, Siglo veintiuno editores, México, 1985.